“Con mi primera quincena compré cama y dormí con mis hijos”, María de los Santos

Fueron 9200 pesos los que reclamó en esa quincena de abril de 1986, como su primer pago en la empresa. María de los Santos sintió […]

María tiene 56 años, tiene cuatro hijos y dos más de crianza, más un nieto. /FOTO: CORTESÍA GREENLAND.

Fueron 9200 pesos los que reclamó en esa quincena de abril de 1986, como su primer pago en la empresa. María de los Santos sintió la que hasta ahora es la alegría más grande de su vida, pues con ese dinero pudo darse un lujo que su situación económica no le había permitido antes: adquirir una cama, más un colchón y un ventilador.

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Esa noche no la olvida nunca más, pues pudo dormir en ella junto a sus dos primeros hijos, Johanna y Luis Fernando, que entonces tenían dos años y nueve meses.

Sin duda, al escoger el momento más emocionante de su trayectoria en Banacol –empresa que hace parte del conglomerado de GreenLand–, este ocupa el primer lugar en el recuento de esta mujer oriunda de San Juan de Urabá, quien completará 35 años de labores el próximo 28 de abril.

De un reemplazo, a un trabajo para siempre

María alcanzó a estudiar la primaria en San Juan de Urabá. Posteriormente se desplazó a Apartadó a los 19 años, huyendo de la violencia que la dejó sin su padre. Ya en esa época había dado a luz a Johanna y Luis, por tanto la necesidad más inmediata era conseguir un empleo para sostener su hogar.

A Banacol ingresó recomendada por un hermano que trabajaba en la empresa como coordinador. Sin tener experiencia en ninguna de las actividades relacionadas con la industria del banano, María comenzó con distintas funciones en la finca Tapartó, en Apartadó, que variaban del empaque de bolsas en nylon hasta el lavado de ropa de los trabajadores. Pero era algo temporal.

Un día un empleado de la finca se ausentó. María ya sabía algunas cositas de la parte productiva, así que le dieron la oportunidad. Le fue bien y se ganó su primer contrato por cuatro meses. Luego, dice, “me dejaron para toda la vida”.

Ha pasado por varias posiciones en Tapartó, desde la clasificación del banano, pasando por el empaque –donde más estuvo, casi 25 años– y el pesaje de la carga.

“Todo lo hago con mucha fuerza y amor para que me salga bien, con ganas”. Este ha sido su secreto para destacarse en la empresa por tanto tiempo.

Por Sebstián Aguirre para Q’HUBO Medellín


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