Al inicio algunos venteros intentaron ocupar el lugar, pero ante los malos resultados económicos obtenidos, optaron por buscar otro sitio y dejarlo desolado. / FOTO: JAIDER ESCOBAR.
El corredor de Ayacucho ha sido durante años un espacio en el que se pueden observar diferentes alternativas gastronómicas, entre las que se destacan las famosas chunchurrias, las cuales eran frecuentadas por un alto número de personas antes de la aparición del Tranvía y el sueño de un bulevar.
Mucho antes de la puesta en funcionamiento este sistema, que hace parte del Metro de Medellín y que empezó a funcionar en 2016, surgió la idea de reubicar a los cerca de 40 venteros que se ganaban la vida con puestos de comida ubicados en esta avenida.
“Toda la historia comenzó hace más de 10 años con una reunión de cerca de 35 venteros, con más de 40 años en la zona. En esa época nos pusieron a hacer muñequitos, que para mostrar como queríamos la plazoleta”, recordó Miguel Ángel Hernández, que lleva casi una década en el sector, luego de heredar el carné de Marta Lucía Meneses, quien era reconocida por la venta de chunchurria.
10 chorizos diarios vendía Hernández cuando se ubicó en la plazoleta. Donde estaba antes, 150.
Los comerciantes cuentan que tras un proceso que se extendió más de una década, les prometieron una plazoleta gastronómica con una tómbola en el centro, en el que las personas se iban a sentar a comer.
“Nos decían que nosotros íbamos a quedar formalizados con locales de 2 metros por 2 metros, que además iba a estar acondicionado con nevera y estufa. Que no era sino bajar la reja”.
Argumentó que lo que se había presupuestado era tener un sótano de parqueaderos, lo que aseguraba una alta presencia de personas en el lugar y en el segundo nivel, en una planta, iban a estar ubicadas las ventas gastronómicas.
En inicio se habló de 35 comerciantes, luego se descartaron algunos que se murieron o se fueron de la zona, por lo que se determinó que serían 28, de los cuales 14 trabajarían en horario diurno e igual número en la noche. Así las cosas, se pasó de la idea de tener locales a puestos semiestacionarios.
Sin embargo, los venteros denuncian que no se cumplió ni lo uno ni lo otro y que ni siquiera tienen claro en cuál administración les voltearon la papeleta.
“Quedamos enterrados a dos metros bajo tierra, donde nadie nos encuentra. Allá no nos ven y los que alcanzan a observarnos le da pereza bajar escalas. Ni siquiera la junta de acción comunal que repartió marrano en diciembre logró que la gente bajara hasta allá”.
Manifestó el choricero, como es conocido en la zona.
Los venteros denuncian que con el presupuesto que se tenía para el Bulevar Gastronómico terminó inaugurándose un parque.
“Le cambiaron el nombre al parque, pero tampoco es beneficioso para la comunidad porque el lugar se convirtió en una plaza de vicio, en el baño de los indigentes, quienes duermen, hacen sus necesidades y hasta se bañan en el lugar”, expresó una residente del sector, quien prefirió no ser identificada.
La solución parece estar distante, pues ni no venteros ni este medio recibió respuesta de la alcaldía, tras indagar al respecto.
“Acá nos tienen abandonados por completo, ya no vendemos ni el 20% de lo que lograbamos antes”.
Luis alberto calle, vendedor.
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