David tiene 36 años, nació y vive en Apartadó. /FOTO: CORTESÍA GREENLAND
Proviene de una familia emprendedora, de la cual bebió las ganas de salir adelante con esfuerzo y sacrificio. Sus papás tuvieron un restaurante donde hizo sus primeros pinos trabajando, luego montó su propia tienda de abarrotes y con las ganancias se pagó la carrera de producción agropecuaria en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid.
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Poco de lo que ha obtenido David Alberto Marín en su vida se lo han regalado. Su capacidad para sobresalir la ha demostrado siempre, más desde que ingresó a Banacol hace 11 años. Llegó como practicante, y como muchos otros colaboradores que han aprovechado esta oportunidad, se ganó la vinculación con sus ganas y su aporte. Esta ha sido por ahora la única empresa con la cual ha tenido contrato laboral.
Inició como oficinista, lo que hoy se considera como auxiliar administrativo, pero su interés por aprender más del negocio del banano, más el positivismo que siempre lo ha caracterizado, le abrieron camino en la parte técnica.
Fue ascendido al departamento de sigatoka para combatir una de las enfermedades más peligrosas para los cultivos de esta fruta.
Se encarga, entre otras labores, de hacer control de la sanidad vegetal y de realizar las aspersiones aéreas para controlar la sigatoka. Por sus manos, además, pasan tareas administrativas, presupuestos, programaciones.
“Soy muy activo y proactivo, me gusta enseñar y soy muy respetuoso”.
De la empresa destaca que se siente como en una familia, gracias a la confianza y la cercanía que tiene con sus compañeros. Lo motiva la estabilidad laboral que ha tenido, y la facilidad para conseguir las metas personales y profesionales que se ha propuesto.
En la actualidad está estudiando agronomía en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, con el deseo de sumar conocimiento para seguir creciendo en su trabajo.
En 11 años David ha acumulado varios momentos inolvidables en su trayectoria en Banacol, pero hay uno que sin duda no se le borrará jamás: cuando le entregaron su casa propia. Aunque llegó de una manera que él no esperaba.
“Nunca supe quién me inscribió para acceder al plan de vivienda. Me pareció algo maravilloso, pero realmente me quedé con la duda de quién fue esa persona que me hizo ese favor”.
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El día en que en 2014 nació su hijo, Samuel David, también ha sido otra fecha para recordar en su vida además de su matrimonio con Viviana Salazar, quien ha sido su compañera de vida los últimos 15 años.
Su frase favorita retrata su humildad y su vocación de servicio: “todo profesor en cualquier momento fue alumno”, por eso su deseo siempre ha sido el de aprender, pero al tiempo enseñar lo que sabe a quien lo necesite.
David, un trabajador admirable.
Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín.
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