Nelson Crispín, nadador paralímpico. / FOTO: CPC.
El nadador santandereano Nelson Crispín consiguió este jueves la primera medalla para Colombia en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, al llevarse la presea de oro en la prueba de paranatación de los 200 metros combinados SM6 (coordinación moderadamente limitada en un lado del cuerpo), competencia en la que instauró un nuevo récord mundial.
Antecedente: La natación y el ciclismo le dieron a Colombia sus 4 primeros diplomas paralímpicos
El oriundo de Bucaramanga registró un tiempo de 2 minutos y 38 segundos, marca mundial en la categoría, especializada en personas de talla baja.
De 29 años, Crispín consiguió su cuarta medalla paralímpica, tras las 3 de plata que se trajo de Río 2016. En Tokio competirá también en las modalidades de 100 metros pecho, 50 metros mariposa y 100 metros libre.
El colombiano compartió podio con Andrei Granichka, del Comité Olímpico Ruso, y Hongguang Jia, de China.
El santandereano, que mide 1,35 metros, sufre de acondroplasia, una enfermedad que afecta el crecimiento óseo de los cartílagos. Hace 15 años comenzó el recorrido como de uno de los nadadores paralímpicos más destacados de Colombia: campeón del mundo, medallista en Juegos Paralímpicos y Parapanamericanos, y protagonista de una historia de vida digna de admirar.
A los 14 años, el santandereano pasaba por una etapa de transición y aceptación, momento que él recuerda como uno de los más duros de su vida: “Antes de iniciar en el deporte yo me encontraba en un proceso de aceptación conmigo mismo, recuerdo que en eso acompañé a mi hermano a las piscinas olímpicas y conocí a mi actual entrenador, quién me invitó a hacer parte del deporte, cosa que, para ese momento de mi vida, cayó muy bien.”
Precisamente, se probó en baloncesto, pero no vio resultados y como asunto del destino, escogió la para natación y fue una de las decisiones más acertadas de su vida.
Comenzó desde cero, pues no sabía nadar, y poco a poco se fue enamorando del deporte. “Al principio entrenaba con intermitencia, unas veces iba y otras no, pasaban los días y después de un tiempo fui mejorando y encontré la disciplina que necesitaba para poder competir”, mencionó el deportista.
En la vida siempre hay dificultades, muchas veces se quiere seguir y otras simplemente la mente no te deja, pero trabajar para salir de esa situación dejará un valioso proceso que te motivará a ser mejor.
Lo anterior hace parte de la filosofía de un atleta que tiene un presente envidiable y un futuro todavía mejor. “A veces uno no quiere seguir, pues hay momentos difíciles, pero es ahí donde uno se da cuenta de lo importante que es competir, ganar y la felicidad que genera esto para la familia y para uno mismo, el cantar el himno nacional y poder realizar lo que a uno le gusta hacer, todos estos son motivos de felicidad y es ahí donde me enfoco”, menciona Crispín con la madurez de un atleta que ha vencido los obstáculos.
Con información de CPC.
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