¡Una tesa! Llevó el crochet a otro nivel

Vanessa Restrepo es la creadora de la marca Entrefibras.

Entrefibras
Vanessa le ha dado otra perspectiva al crochet, se ha salido de los diseños convencionales para encantar a sus clientes. /FOTO: SINDY VALLE

Vanessa Restrepo vive Entrefibras, no solo porque así se llama su emprendimiento, sino también porque literalmente su casa está llena de fibras de todo tipo que utiliza para tejer sus diseños en crochet.

A pesar de que es zurda, aprendió a tejer desde que era muy pequeña, desde los 10 años, lo hizo viendo a su mamá, pues en su casa todos tienen un talento. Su mamá es artista y confeccionista, su papá es dibujante y su hermana es tatuadora, así que ella no se iba a quedar atrás.

Ha tenido varios trabajos, ha hecho muchos cursos y tiene una amplia experiencia, pero tenía que ingeniárselas para explotar su talento. Fue así como recurrió a las redes sociales, que le dieron ideas, y ella las empezó a plasmar en crochet, pero a su propio estilo.

Por ejemplo, si usted es de los que fracasó cuidando suculentas, Vanessa se las fabrica en crochet y así nunca se van a morir. También hay opciones para los enamorados que les gusta regalar flores; hay de todos los estilos, tamaños y colores, pero lo mejor de todo es que nunca se marchitan.

Vestidos de baño, blusas, bolsos, muñecos de caricatura, amigurumis (pequeñas figuras tejidas), portasombreros y todo lo que se le ocurra lo puede encontrar en Entrefibras, el emprendimiento de Vanessa que está empezando a tomar alas.

Valor a su trabajo

Vanessa sabe que no todos son conscientes del esfuerzo que requiere su trabajo y sus diseños, que oscilan entre los $ 30.000 y $ 160.000. En algunas ocasiones, han sido rechazados por el precio.

“A veces me han dicho:’ no, pero es que una blusa en $ 160.000′, pero no saben lo que cuestan los materiales, el saber y el tiempo. Las personas le restan mucho valor a los artesanos”, dice Vanessa.

Ella le ha metido el corazón a este proyecto y de vez en cuando se apodera de las máquinas de coser de su mamá, porque las sabe manejar todas, para pulir sus figuras o hacer otros encargos especiales que requieren este tipo de costura.

Además, su mamá y su hermana la apoyan al 100 %, si es de trasnochar para ayudarle lo hacen, o si les toca hacer el papel de fotógrafas para capturar las mejores imágenes también se le miden. Lo importante es que todo salga perfecto y el cliente quede satisfecho.

Sueña con un costurero

Vanessa tiene apenas 25 años y dice que valora profundamente la labor de las señoras que se han dedicado a tejer, pero también piensa en aquellas que por su edad les han cerrado las puertas y nunca tuvieron la oportunidad de aprender algo.

Por eso sueña con un costurero para enseñar y poder producir en mayor cantidad sus figuras, porque a veces los pedidos desbordan su capacidad.

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