Luis Alfonso Castrillón logró cumplir un sueño que por muchos años creyó casi imposible: a sus 73 años se graduó, con honores, de bachillerato.
En su ceremonia de grados, que se realizó el domingo pasado, mucha gente se sorprendía de verlo con su toga y su birrete al lado de sus compañeros, mucho más jóvenes que él, pero Alfonso caminaba orgulloso de la mano de Ana Lucía, su esposa, sus dos hijas y su nieta, quienes lo apoyaron durante todo el proceso para validar su bachillerato.
Todo comenzó durante los primeros días de pandemia: aunque don Alfonso o Negro, como lo llaman cariñosamente en casa, ya disfrutaba de su tan merecido retiro, su esposa le hizo una curiosa pero tentadora propuesta: aprovechar el tiempo libre para validar el bachillerato.
Aunque al principio la idea no le gustó, por el miedo a comenzar de nuevo, se fue animando al ver el apoyo de su familia y amigos más cercanos.
“Cuando mi esposa me dice eso, yo me empecé a cuestionar por mi edad, por empezar a estudiar con pelados de 18 o 20 años, me daba desconfianza que me hicieran bullying, pero al contrario, fueron muy respetuosos y muy queridos conmigo”.
Explica Alfonso.
Lo importante es no dejar de aprender
En su adolescencia fue reclutado por el Ejército para prestar servicio militar, cuando salió se vinculó a una fábrica, se casó, llegaron las hijas, y así se fue yendo el tiempo; sin embargo, nunca dejó de aprender pues realizó varios cursos de electricidad, en el Sena.
Pero cuando llegó el reto de volver a estudiar lo invadieron las dudas, más aún porque le tocó empezar virtual, cuando poco sabía de computadores, pero contó con el apoyo de sus hijas, quienes se sentaban a explicar paso por paso y hasta le ayudaban con las tareas.
“La gente en la graduación se sorprendía, y me decían que era un gran ejemplo de superación”.
Luisa Castrillón, hija
Fueron 3 años estudiando los domingos, 2 de los cuales fueron completamente virtuales. Siempre ocupó los primeros puestos, y hasta se le adelantaba en los temas a los profesores.
Luis Alfonso, sinónimo de excelencia
Ahora, cuando tiene su diploma de bachiller y hasta una medalla de honor al mérito, no puede esconder su orgullo por haber finalizado esa etapa, por encima de los prejuicios y las dificultades que tuvo que sortear.
Aunque por ahora quiere dedicarse a descansar, no descarta ingresar a la universidad, porque sigue con el deseo de aprender, y sabe que nunca será tarde para cumplir los sueños.
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