Se fue Novillo, un gran amigo del fútbol

El 25 de mayo, a las 2:55 de la tarde, murió en la Clínica Las Américas Flavio Mauricio Restrepo González, a los 60 años de […]

Novillo
Su último sueño era ir a Barranquilla para ver a Colombia. La Selección se lo cumplió. /FOTO: CORTESÍA.

El 25 de mayo, a las 2:55 de la tarde, murió en la Clínica Las Américas Flavio Mauricio Restrepo González, a los 60 años de edad, debido a un cáncer en el estómago.

Novillo, como era conocido en el mundo del fútbol, era un todero. Cuando niño había querido ser futbolista, pero se rompió los ligamentos de las dos rodillas en un accidente de moto, y hasta ahí llegaron sus sueños.

Entonces se puso a trabajar en un almacén de artículos deportivos en El Obelisco, y esa fue su carta de entrada al mundo del fútbol. Todas las figuras del balompié desfilaban por ese almacén, y todas, sin excepción, terminaban tomándole aprecio.

Querido por todos

Gambeteaba trancones para encontrarles los tenis que querían, o para engallarles los carros recién comprados. Iba y venía por toda la ciudad repartiendo boletas, camisetas, llevando mensajes. Y todo se lo guardaba con 3 llaves en su memoria.

Ese era su gran talento, la lealtad, y por eso jugadores y técnicos confiaban en él como se confía en el Corazón de Jesús.

Le tocó la mejor época de Nacional y Medellín. Vio ganar a los dos equipos y compartió camerino con las estrellas. Estuvo presente en la despedida de Chicho Serna, cuando vinieron Maradona y Francescoli, y no se perdió los partidos importantes de Colombia y del Verde.

Fútbol de barrio

Y no solo lo querían en el mundo del fútbol. También era ídolo en el noroccidente de la ciudad. Nació y vivió en el barrio Belén La Pradera, fue organizador del torneo vacacional de Los Alpes, a donde llevaba jugadores profesionales, y también era conocido en barrio Antioquia, pues solía llevar a los futbolistas a peluquearse en Uptown, famosa barbería de ese sector.

Sonia, la hermana que lo cuidó hasta el final. / FOTO: CORTESÍA.

Su último sueño era ir a un partido de la selección Colombia en Barranquilla y hasta allí lo llevaron sus amigos. Murió joven. Su hermana Sonia lo cuidó de principio a fin, hasta el minuto 90. Se fue con dignidad hacia los camerinos y canchas del otro mundo, donde lo esperan varios de sus más entrañables amigos del balompié.

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