Al gerente de la empresa, Alejandro Restrepo, poco le importó que Luis David estuviera recién egresado del colegio, sin ninguna experiencia laboral previa y sin tener ni idea de lo que tenía que hacer.
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La confianza que depositó en él era tan grande como el agradecimiento que le tenía a su mamá, Luz, quien le ayuda en las labores domésticas en su casa.
Cómo no le iba a corresponder Luis David esa confianza sino entregando lo mejor de sí en estos siete años que han pasado desde que le dieron esa oportunidad, que literalmente le cambió su vida.

De los buses a las plantas
Hoy Luis David goza de una estabilidad económica y laboral gracias a su buen desempeño en el trabajo, pero no olvida que hasta antes de ingresar a la empresa, cuando estaba en el colegio, destinaba sus ratos libres a ayudarles a los conductores de la ruta de buses que recorren su barrio, Picachito.

“Un amigo del barrio me ayudó a conseguir ese trabajo. Él estaba vinculado a una empresa de buses y me invitaba a que estuviera todo el día con él. Madrugábamos los sábados y los domingos a las cuatro o cinco de la mañana y terminábamos a las siete u ocho de la noche. Él me invitaba a almorzar, yo lavaba los buses y en eso me ganaba diez a quince mil pesos al día que era mucha plata para mí”, rememora.
Esa etapa de su vida terminó a los 18 años, al ingresar a Nuval.

Su primer y único empleo
A Nuval, una empresa productora de alimentos, ingresó como operario “o en lo que me pusieran a hacer”. Paso a paso le fueron enseñando, y él iba aprendiendo de todo.

Luego lo encargaron del despacho del servicio de vehículos con los productos que viajaban hacia las empresas que eran sus clientes. Pero le costó cogerle el tiro al cargo.
“Me da hasta risa recordarlo, los despachos los hacía incompletos, siempre se me quedaba algo. Los jefes me llamaban y me regañaban, pero entendían que apenas estaba comenzando y me enseñaban”.
Pero las experiencias lo fueron formando y le abrieron nuevos caminos. En la actualidad se desempeña como almacenista y auxiliar de bodega, y cuando recuerda los errores de principiante se sonríe y los celebra porque de ellos pudo aprender para ser un teso destacado en su empresa.
Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín
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