Una grave denuncia interpuso en la Fiscalía General de la Nación la madre de un joven de 15 años de edad, que supuestamente habría sido abusada por un artista y cantante callejero.
Según lo que cuenta la madre de la niña, el hombre, identificado con las iniciales C. A., habría ingresado a la casa de la víctima con un permiso de trabajo doméstico, ya que ella había solicitado un servicio para arreglar una lavadora y polarizar los espejos de una habitación.
Era el 20 de enero del presente año cuando C. A., y otro trabajador de una empresa comercial de Belén, ingresaron a la casa y comenzaron hacer los trabajos solicitados. Mientras uno de ellos arreglaba la lavadora, C. A. se dedicó a polarizar los vidrios de la habitación de la niña de 15.

En eso momento, en la vivienda, se encontraba también la hermana de la víctima, la empleada del hogar y la madre, quien había acabado de llegar de una reunión y se encontraba enferma, motivo por el cual se encerró en su alcoba, con el televisor prendido, y pidió no ser molestada.
“Tenía arcadas. Sufro de gastritis y ese día me encerré a vomitar”, cuenta la señora.
La casa, aunque relativamente angosta, tiene tres plantas y sus paredes son gruesas. Las dos niñas, la empleada y uno de los trabajadores, estaban en el primer piso, mientras que C. A. estaba en el segundo.
Al ver que los hombres se tardaban más de lo esperado en sus labores, la empleada le pidió a una de las niñas que subiera y mirara “cómo iba el señor de los vidrios”. La niña hizo caso y acudió a su cuarto, y entonces, apenas entró, comenzó el abuso.
“Él me dijo que tenía mala postura, y que me podía ayudar a corregirla. Entonces me rodeó con los brazos y me tomó por detrás, sujetándome. En ese momento aprovechó y me tocó. Luego me dio la vuelta e intentó besarme a la fuerza. Entonces escuchó un ruido y me soltó, y en ese momento aproveché para llamar a mi hermana. Ella bajó, miró feo al hombre y salió conmigo hasta las escaleras”.
Narró la víctima en Fiscalía.
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Después de eso, la empleada le pidió al sujeto que se apurara. Era la hora del almuerzo y la familia quería estar a solas y tranquila. Los hombres terminaron sus trabajos y, cuando uno de ellos ya se había marchado, el de los vidrios seguía aplazando su marcha, y, según la empleada, se sentó junto a las niñas en las escaleras, pero “no sé qué les pudo haber dicho”.
Cuando la empleada le preguntó que por qué no se había ido, él le respondió: “Es que la señora necesitaba otra cosa”. Con prudencia, la empleada le preguntó a la señora que si era cierto y ella le gritó: “Que se vaya, que yo después lo llamo”. El hombre se fue.
Era jueves, pero la niña no contó nada ni ese día ni al siguiente. Se le notaba deprimida, taciturna. Entonces, el sábado, explotó: “Mamá, me siento sucia, ese señor que vino el otro día me tocó, gas”.

La madre corrió a contarle a su expareja y padre de la niña lo ocurrido, y entre ambos acordaron poner la denuncia. La niña ya le había contado los hechos a un amigo del colegio, quien se presentó como testigo.
Sin embargo, debido a que los exámenes de Medicina Legal no arrojaron ninguna lesión en el cuerpo de la niña, en la Fiscalía desestimaron, en principio, la gravedad del delito, pero mantuvieron abierta la investigación. Entre tanto, la niña de 15 años recibe medicamentos y atención psicológica.
El implicado fue contactado por Q’HUBO y negó ese comportamiento delictivo, argumentando que a veces trata de ser amable con las personas, y que dicha conducta puede ser tomada a mal por algunas personas.
Por Mauricio López / [email protected]
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